
A Coruña.— Miguel Robledo tiene doble protagonismo en este Viñetas, por ser autor del cartel de esta edición y porque su obra centra la muestra que se puede visitar desde el 10 de agosto al 27 de septiembre en Palacio Municipal de María Pita. Autor polifacético con experiencia en ámbitos tan diversos como la animación, la ilustración, la dirección de arte y la autoría de cómic, Miguel Robledo perteneció al fundacional grupo Frente Comixario y publicó en la revista homónima (1988-1993). Trabajó después para las revistas infantiles Golfiño, Mister K y Oink!, en la revista O Fanzine das Xornadas, en las dos etapas de la revista BD Banda y en la revista A Viñeta de Schrödinger. Su influencia en varias generaciones de autores gallegos queda certificada por el Sketchbook que le dedicó el colectivo Polaqia en 2008. Participó como coguionista y colorista en el proyecto As abraiantes aventuras de Mariña (Aira, 2020-2024). Además de numerosos proyectos de ilustración editorial, campo al que se ha dedicado como director artístico de Aira Editorial, en 2024 publicó Territorio, con guion de David Muñoz.
Comencé como lector de cómic y niño que dibujaba y que ya nunca dejó de dibujar. Comencé en Ourense en la prehistoria del cómic gallego, con un grupo que se llamaba Frente Comixario; digamos que a finales de los 80 y principios de los 90 hubo ahí como un pequeño boom inicial del cómic gallego. Y luego estuve tonteando con cómic y con otras cosas. Como autor completo acabo de estrenarme hace un par de años con Astiberri, con Territorio.
He trabajado en la gama completa: en animación, para Dygra Films y otras productoras; en publicidad; como ilustrador y director artítisco en Aira editorial; en prensa; trabajé en la época de Golfiño y revistas amateur, pero este libro ha sido mi primer álbum.
He hecho de todo un poco, por necesidad, porque hay que pagar facturas. También, de hecho, colaboré con la escuela Faílde como tutor. Tengo un registro amplio de estilos, ya que trabajo prácticamente para toda la gama de edades. Pero la base siempre es la misma.
Noto que, aunque he ido hacia otros lados, el cómic fue lo que me marcó, fue mi primer amor.
Asistí a primer Viñetas allá por el año 1998. Recuerdo ir al salón como público y, si me dices en aquel momento que iba a tener una exposición, probablemente me daría una risa de lado, y, si me dices que acabaría haciendo el cartel, pues no entraría dentro de lo creíble. Es un honor recibir esa propuesta. No lo esperaba. Quedé sorprendido por la confianza, por muchos motivos, por la lista de ilustres que han hecho el cartel y por ser A Coruña una ciudad con tantísimo talento... No puedo estar más que agradecido.
Lo primero que tengo hacer es agradecer y acreditar la labor de Manel Cráneo, el director del festival, porque, al ser él ilustrador, hizo un trabajo casi de director artístico. Aportó sugerencias, tuvo la idea de que la tipografía se hiciese a mano…
Yo asocio A Coruña con Lugrís, porque hice varios trabajos relacionados con él y luego estaba, claro, aquel mural suyo que estaba en una cafetería de la calle Olmos... Le hice un pequeño homenaje a Urbano Lugrís.
Había un tema marcado que tenía que estar sí o sí, el del eclipse, y para eso lo que se me vino a la mente, la influencia, fue un grabado muy famoso de un autor francés que se llama Grandville, que tiene un libro que se llama Otro mundo. Y la imagen que me influenció es muy icónica, incluso salió en una portada de un disco de Queen. Y de ahí salió esta figura moviendo planetas como si fuese una especie de malabarista cósmica, una imagen un poco surrealista.
Y, claro, la torre de Hércules, el paseo marítimo, el skyline de A Coruña, ese depósito de agua de Monte Alto... Y también intentar hacer, plasmar, esa luz rara que dicen que hay en los eclipses.
Mi hermano tuvo la oportunidad de vivir un eclipse y me insistió en que lo viese porque es algo único. Mirar hacia el sol es casi lo de menos: lo importante y lo que quise plasmar es esa sensación rara, como si de repente hubiese un fallo de sistema de luz surrealista. La naturaleza siempre tiene muy buena dirección de arte.

Pues Territorio, el último libro que he hecho; hay un poco del making-of. Hay planchas digitales e impresiones porque es con lo que yo trabajo, pero también incluí originales de trabajos antiguos como de lo que hice para Golfiño. Siempre me encuentro con gente en las sesiones de firmas que me cuentan que leían Golfiño y veo que dejó huella en los lectores y lectoras de hoy en día. Y luego una pequeña parte de dibujos originales que hago para desatascarme del mundo digital y desintoxicarme. Dibujos personales y una pequeña selección de ilustraciones.
Alguno de los ejemplares de la labor de Frente Comixario, un homenaje a todo lo que se hizo en aquel momento por el cómic gallego.
Las referencias siempre se cruzan por ahí. En Territorio, por ejemplo, me di cuenta de que hay páginas que parecen un western. Las filias y las fobias siempre acaban saliendo y luego, como consumidores también que somos de pelis, animación y productos culturales, esto es inevitable.
Pues pienso que ahora es todo más fácil y más difícil a la vez. Nosotros tenemos alumnos en prácticas de la Faílde y veo que cada vez vienen mejor formados, pasan etapas más rápido. Es más fácil para ellos, en parte por Internet. También es evidente la normalización del cómic; hay muchas autoras; por fin esto ha dejado de ser el gueto que tristemente era, en el que solo había hombres. Hay una gran riqueza.
Lo que pasa es que, claro, con este panorama que digo, la porción de queso hay que repartirla entre mucha más gente. También digo que encantado. Pienso que queda mucho por hacer, pero que estamos en un buen momento.
Evidentemente, el tipo de trabajo de revista de kiosco desapareció, prácticamente el 100 %, pero pienso que los contenidos culturales, aunque sea a nivel de aficionado, de fanzine, siempre acaban saliendo. Lo que perdimos en el proceso de profesionalización de las revistas se gana ahora por el tema de la autoedición. Está de moda, casi es un trending.
Ahora se hacen fanzines, prints… Hay otros formatos y otros tipos de ferias en las que le pueden dar salida a su material. Entonces, por ese lado, pienso que se compensa, y la verdad es que hay ahí cosas muy bonitas. En el Viñetas, por ejemplo, está la colaboración y la actividad paralela del Autobán, que funciona como un contrapunto que no para de crecer. Todo lo que sea remar en la misma dirección, bienvenido.
Y antes dependías de visitar librerías, de viajar a otros lugares para encontrar revistas, libros, publicaciones que aquí no llegaban, y eso con Internet fue como un big bang. Ahora mismo, con Internet, hay quien se confiesa saturado y sobreinformado, pero también hay que poner en valor lo que supuso a nivel de formación y difusión.
Ahora mismo estoy en la entrega de un libro para Aira Editorial, dentro de los clásicos ilustrados. Estoy con relatos de la autora francesa Colette y en el tiempo libre ando con otro proyecto de cómic con el mismo autor que Territorio, David Muñoz.
Sí, bueno, el poco tiempo que puedes buscar para desarrollar algo tratas de dedicarlo a un proyecto nuevo. En este caso, yo me quedé contento con el primer trabajo que hicimos y queremos seguir intentándolo.
Yo estoy contento porque es realmente una primera obra y funcionó bien, pero ahora hay que seguir. El panorama actual tiene el problema de que hay que mantener un ritmo de publicación continuo para vender. Hay, para bien y para mal, muchísima oferta; cada vez se edita mejor, pero hay tal cantidad de novedades que es difícil hacerse un hueco o que los libros perduren en el tiempo.
No voy a ser nada original, pero el cómic que yo leo anualmente es Nausicaa, de Hayao Miyazaki, porque, además de la calidad que tiene, es una historia que no se podría haber permitido hacer en animación. Es un autor con una calidad indiscutible y ya tengo el hábito de leerlo una vez al año, y nunca me canso.
