
A Coruña.— Editoriales, librerías, entidades y asociaciones ocuparon los 38 stands que abrieron sus puertas a diario en la Rúa BD. Cada caseta estaba llena de experiencias diversas con propuestas diversas, por lo que al cierre de esta 29 edición hemos querido acercarnos a dos visiones muy diferentes: la del librero Pío Barreiro, que no ha faltado a ninguna de las ediciones del festival (es, pues, el más experimentado en el evento), y la de la editora Marta Tutone, de Liana Editorial, que acude a la feria por vez primera.
Dos visiones diferentes para un mismo evento, que se complementan y suman en este poliedro que es siempre la Rúa BD, un espacio por el que han pasado en estos siete días alrededor de 100.000 personas y en los que las actividades y el flujo de visitantes a exposiciones ha sido continuo.
Lo primero es el hecho de que esté abierta en una zona céntrica, en la calle, una zona muy transitada; esto hace que se pueda acercar el cómic no solo al público que ya viene con ganas porque ya son lectores y lectoras de cómics, sino también a un público más espontáneo. Yo, concretamente, como tengo mucho cómic infantil y juvenil, a mucho público familiar, que a lo mejor están de paseo, de vacaciones.
Es una época del año en la que a lo mejor visitas menos las librerías de tu ciudad, pero de repente estás de vacaciones y descubres que, aunque quizá no compres todos aquí, se te quedan ahí libros en la cabeza y a lo largo del año siempre los puedes buscar.
Lo segundo es la organización, porque me ha sorprendido muy positivamente. Hay muchas exposiciones, de mucha calidad, muchas actividades; se da a los expositores la posibilidad de presentar las novedades o el proyecto editorial, y esto, por ejemplo, en mi caso, que no puedo contar con un público que conozca la editorial de haber estado otros años en la feria, es algo estupendo. En ese sentido, la atención que hemos recibido también, el nivel de detalle, la facilidad en la comunicación, en las instrucciones a la hora de montar...
Una feria siempre es agotadora, pero eso es así en todas partes. Por eso, todo lo que he contado antes, los detalles por parte de la organización, esas pequeñas cosas, no son tan pequeñas, sino que resultan fundamentales.
Pues un poco de las dos cosas. Es cierto que tenemos un catálogo muy variado; por ejemplo, lo que publicamos para personas adultas siempre pienso que le puede interesar a un público joven, que está entre el instituto y la universidad... Así que se ha acercado público muy variado, mucha gente joven, también ilustradores e ilustradoras que no nos conocían, pero, desde luego, es cierto que hemos tenido muchísimo público familiar. Claro, yo no puedo comparar con otros años, pero valoro mucho la cantidad de familias que se han parado, que han conocido los libros.
También quiero decir que las bibliotecarias hacen un trabajo estupendo aquí en ese sentido, con recomendaciones que dan a conocer nuestros libros; por ejemplo, con la saga de Fox & Chick, que muchos los habían conocido en las bibliotecas.
Sí, he hablado con bibliotecarias con tranquilidad y en persona. Habíamos hablado por internet, por ejemplo, con Sira González; hemos podido comentar temas en profundidad. Funcionan mucho y las bibliotecas es algo que no suele estar en los salones y ferias de cómic y es importante. Y además han tenido a mi hija leyendo sin parar todos estos días en el stand, de lectora residente.
Lo que hemos vendido más es Una historia ilustrada de la danza, de Laura Cappelle y Thomas Gilbert; ha ido muy bien. El otro que empata con este es La odisea del espacio. Historia de la conquista espacial, de Arnaud Delalande y Éric Lambert. Dos obras de no ficción y muy completas. En infantil casi se nos ha agotado la serie de Fox & Chick y Azul, el hada de Pinocho, de Elena Triolo, para público juvenil y que llega a adultos.
Quizás que nos hemos encontrado aquí a familias de Madrid, del colegio de mis hijos, que están aquí de vacaciones y que he descubierto que vienen todos los años al festival.
Nos gustaría mucho repetir. Además hemos venido toda la familia, hasta la perra. Como plan familiar, además de empresarial, nos ha gustado mucho, porque la ciudad ofrece muchos atractivos y mis hijos han ido a todas partes: a la torre de Hércules, al Muncyt... Se han visto todas las exposiciones y hasta se han ido con la perra de excursión. Como plan para quien venga al stand con la familia, Viñetas es perfecto.

Pues no sé seguro si hay algún otro que repitiese en todas las ediciones, pero nosotros siempre hemos venido. No faltamos a ninguna edición y este año, además, con Viñetas celebramos nuestra feria 40.
Pues que llevamos 40 ferias seguidas solo en este año. Y el año que viene celebramos los 40 años de la librería. Dicho así impresiona mucho.
Hay un atractivo añadido y es que se revitalizó en los últimos años. A nosotros nos resulta inevitable hacer una comparativa y recordamos cuando empezó el Viñetas y fue un sorpresón. No lo olvidaré nunca, porque fue el día que nació mi hija. No sabíamos cómo iba a ser y el negocio iba muy bien. Fue una avalancha tal de gente que veíamos que era muy diferente. Hablamos de unos años en los que había una gran bonanza económica.
En los últimos años de la dirección anterior de Miguelanxo bajó todo un poco: el nivel del festival, de los autores y de las ventas. Porque nosotros también teníamos claro que si se baja el nivel de autores bajan las ventas.
Desde que entró la nueva dirección se volvió a notar. Es cierto que prácticamente seguimos con muchos autores nacionales, pero se revitalizó muchísimo todo. Muchas actividades nuevas, una frescura, y volvimos a notar aquello de los inicios, que se vende más en los siete días de Rúa BD que en los diez de feria del libro. El año pasado, por ejemplo, bajó un poco con respecto al 24, pero este año volvió a subir la afluencia de público. Y no es público de los trasatlánticos, que no compra nada.
Tengo mucha gente que viene porque ya nos conoce después de tantos años; hay gente también que es cliente en Santiago y que viene a A Coruña y compra aquí por el descuento. También hay mucha gente que viene de Madrid, familias, turismo español. Lo que está claro es que aquí la gente sí que viene predispuesta a hacer un gasto considerable. No es aquello de «si eso igual compramos algo», no. Como oferta hay muchísima y calidad también, hay de todo.
Para mí es complicadísimo seleccionar los libros para traer al Viñetas, por eso.
Las semanas anteriores al Viñetas duermo fatal dándole vueltas a la selección. Por ejemplo, de uno de los títulos más vendidos del año, traíamos 60 ejemplares y estoy viendo ahora que quedan como seis, pero en la mayor parte de los casos no quieres quedarte corto. Por ejemplo, este año, que venían los Talbot, pedí muchísimos títulos suyos y aún así nos hemos quedado cortos. Es muy complicado, porque al final la experiencia importa, pero casi importa más la intuición.
Importa también mucho lo atractivas que sean las exposiciones. El año pasado, por ejemplo, Black metal arrasó y nadie lo esperaba, porque era como muy marginal y oscuro, y el año anterior la exposición de Lucas Varela fue alucinante y tampoco nos llegaron los ejemplares que trajimos.
En nuestra caseta, Dos mujeres desnudas, de Luz, y O eco dos días rotos, de Alberto Taracido.
En nuestro caso no es como en el de otras librerías que llevan menos tiempo o viajan menos, porque nosotros ya tenemos todo eso muy trabajado, pero, por ejemplo, este año teníamos interés en hacer algunos contactos con la gente que venía de Portugal, pero tampoco nos ha dado mucho tiempo porque hemos estado superados de trabajo.
Sí, la idea es venir aquí y contar todo lo que queremos hacer para celebrar una cifra tan importante. Me conformaría con que fuésemos capaces de hacer lo que hicimos para celebrar el 25 aniversario, que ya fue mucho.
