
A Coruña, 12 agosto de 2026.— Aquí donde estoy es una novela gráfica de memoria histórica que nace del hallazgo casual de 54 cartas reales escritas desde el frente por Gabriel León, superviviente de la «quinta del biberón». En esta entrevista, la guionista María Castro Hernández y el dibujante Tyto Alba analizan el proceso creativo de una obra editada por Astiberri que combina el humor vital del protagonista con el crudo relato de la batalla del Ebro. Los autores, presentes en el festival Viñetas desde o Atlántico de A Coruña, repasan también sus trayectorias previas —desde la literatura infantil y las biografías hasta este proyecto—, debaten sobre la necesidad urgente de cerrar las heridas históricas del país y avanzan sus nuevos trabajos sobre relatos de ficción y ecología.
María Castro: Siempre me ha interesado mucho la historia. Tengo un hijo que entonces tenía unos 18 años y estábamos viendo cómo se estudia la Guerra Civil en bachillerato, así que hacíamos actividades juntos. Una amiga me comentó que tenía un tío abuelo que era superviviente de la «quinta del biberón». Él había nacido en 1920, por lo que en 2019 tenía ya 99 años. Fui a Tarragona con mi hijo sin muchas esperanzas, pero nos encontramos a un Gabriel con una memoria, una movilidad y una salud fenomenales. Allí fue cuando su hija, Montse, sacó una caja con 54 cartas reales que Gabriel había enviado desde el frente. En ese instante vi que esto no podía quedar en una simple lección para mi hijo; asumí la responsabilidad de hacer que su testimonio perdurase en un libro.
María: En 2019 hicimos un corto documental de 22 minutos con el material que tenía grabado. Yo tenía la idea de hacer un libro, pero veía más imágenes que una novela convencional. Buscando ilustrador en Barcelona, una chica que había hecho una versión corta de 10 páginas para un premio me dijo que un cómic largo le superaba, pero me habló de Tyto. Así nos pusimos en contacto.
Tyto Alba: A mí el tema de la Guerra Civil siempre me ha interesado. Aunque al principio siempre desconfías de si el proyecto encontrará editor y llegará a buen puerto, la idea funcionó muy bien desde el principio.
Tyto: Sí, trabajamos con una editorial para la que este era su primer cómic y no sabían muy bien cómo funcionaba la distribución ni la prensa. Casi con el proyecto a la mitad, por problemas económicos, la cosa se paró.
María: Yo intenté negociar con Héloïse, editora de Astiberri. Fue brutal. Recuerdo que la misma noche de Reyes recibí un mensaje suyo diciendo que había leído la historia, que le había encantado y que la sacaban adelante. Fue un auténtico regalo de Reyes. Con Astiberri todo funciona de maravilla; tienen una distribución excelente.
María: Originalmente fui con mi hijo, que era delgadito como él a esa edad. Cuando le dije que tenía 18 años, la edad con la que a Gabriel llamaron a filas para ir a la batalla, él miró a mi hijo y le dijo de forma socarrona: «Yo que sepas que no fui voluntario», como diciendo «no seas tonto, no te dejes comer el tarro con las historias de heroicidades». Tenía un sentido del humor muy vital, que, junto con su curiosidad, lo salvó psicológicamente del horror. Estaba en artillería y le pedía por carta a la familia un manual técnico de morteros del 81 mientras caían bombas a su alrededor. Ese foco y esa curiosidad lo aislaron mentalmente del trauma. Tenía una fortaleza increíble; recuerdo visitarlo con 99 años y decirme que estaba pensando en volver a pintar.
María: El Gabriel soldado era un niño. En las cartas pedía que le engrasasen la bicicleta o decía que ojalá en vez de bombas tirasen chocolatinas. Aliviaba el sufrimiento de su madre y hermanas edulcorando lo que vivía para evitar la censura y el drama. El Gabriel mayor mantenía el humor, pero sentía la obligación de contar el horror. Al contrario que otros supervivientes, él sí que relataba traumas directos, como una ejecución que presenció o la locura de un capitán que salió corriendo de la trinchera. Lo contaba mirándome fijamente, como diciendo: «Esto pasó de verdad, ¿me crees?». Aún lo estaba procesando.
Tyto: Fue fácil porque tenía los brutos de las ocho horas de grabación del documento y muchas fotos de su infancia y juventud que la familia conservaba. Al escucharle hablar, me empapé de él. Además, al ser una historia en Cataluña, su manera de hablar recordaba mucho a la de mis abuelos, lo que lo hacía muy cercano. Documentarse sobre la guerra es lo habitual: uniformes, colores... Yo le preguntaba a María de qué color eran los pantalones y ella me decía que daba igual, que contábamos los recuerdos de Gabriel, no un libro de historia estricto sobre la batalla del Ebro.

María: Esa frase era el lema que él usaba en las cartas para no revelar su posición en campaña. Hablamos mucho con Héloïse sobre el subtítulo. Fuera de Cataluña, donde el reclutamiento de la «quinta del biberón» fue masivo y muy consciente, mucha gente en la calle no sabe lo que significa; algunos piensan que es un equipo de fútbol. Por eso la decisión editorial de Astiberri fue destacar la batalla del Ebro, que es universalmente reconocible para cualquier lector.
María: El cómic tiene tres generaciones: un chico de 18 años, unos padres y el abuelo de 99. Representa la historia del país: la generación que sufrió la guerra, la que calló y no preguntó, y los nietos que hoy preguntan. Tenemos una herida muy grande sin cerrar. Que 90 años después todavía haya restos en las cunetas y haya que luchar para exhumar cuerpos en el valle de Cuelgamuros habla de que la herida todavía supura mucho. La memoria es fundamental, porque sin verdad, justicia y reparación estamos curando en falso. Como en el libro VI de la Eneida, donde las almas de los que no fueron enterrados ni honrados deambulan sin que Caronte los deje pasar al reino de los muertos... Ese es el terreno en el que estamos hoy como país: no hemos hecho la despedida ni las honras fúnebres a aquellos que quedaron olvidados en las cunetas.
María: A mí me gusta escribir y creo que cada historia necesita su camino. Empecé con álbumes infantiles como las historias de Moka y Candela, luego una novela documental y un libro de relatos. Este proyecto acabó siendo un cómic porque el formato gráfico era el mejor camino para el relato.
Tyto: Estoy acostumbrado a ilustrar biografías de personajes reales como Fellini o Picasso. Me gusta indagar e investigar. Con este proyecto cubrí también una espina que tenía clavada con mi propio abuelo, al que no había podido sacarle información de la guerra.
Tyto: Acabo de terminar un ensayo divulgativo por encargo sobre ecología y los derechos de los animales, una temática diferente que me apetecía mucho tocar.
María: Por mi parte, acabo de terminar un libro de relatos de ficción para adultos y en estos momentos estoy a la espera de la respuesta de una editorial.
Tyto: Muy bien. Yo ya había estado en una edición anterior que había coincidido en plena época de la covid, por lo que fue un año muy raro y con muchos espacios cerrados. Lo de ahora no tiene nada que ver, el ambiente es muy agradable.
María: Para mí es la primera vez y estoy encantada. Me gustó muchísimo la exposición; los espacios están muy bien pensados y la gente es superamable. Gracias por este rato para la entrevista.
