Mary y Bryan Talbot: «La investigación histórica no es solo mirar hacia atrás. Nos permite comprender los problemas actuales»

«Las mujeres han estado siempre implicadas en las transformaciones políticas y sociales, aunque muchas veces la historia no les haya dado el mismo espacio», recuerdan los autores británicos

A Coruña.— Mary y Bryan Talbot llevan años convirtiendo la historia en materia de novela gráfica. Ella aporta la investigación, la escritura y una larga trayectoria académica vinculada al género y la política. Él pone al servicio de las historias décadas de experiencia en el mundo del cómic y un poderoso lenguaje visual. Juntos han construido obras en las que las mujeres ocupan el centro del relato. Desde La niña de sus ojos hasta Sally Heathcote, sufragista y La Virgen Roja, recuperan figuras y movimientos fundamentales de la historia feminista. Louise Michel y las sufragistas británicas se convierten así en protagonistas de una historia que sigue dialogando con el presente.

La investigación sobre el pasado les sirve también para reflexionar sobre los conflictos políticos y sociales actuales. Su método se basa en la conversación constante, en la confianza y en una creación verdaderamente compartida. Un trabajo en el que texto y dibujo no funcionan por separado, sino como dos partes de una misma mirada. Hablamos con ellos sobre feminismo, memoria, revolución e historia y sobre la particular aventura de crear juntos.

P. Vuestras obras conjuntas han convertido la investigación histórica y la novela gráfica en una combinación muy particular. ¿Cómo nació esa colaboración?

Mary M. Talbot: Fue bastante espontáneo. Bryan me sugirió que escribiera una novela gráfica cuando yo me jubilé anticipadamente de la universidad, alrededor de 2009. Yo llevaba muchos años trabajando como académica, especialmente sobre lenguaje, género y política. Escribir una novela gráfica me pareció algo completamente diferente.

Bryan Talbot: Yo ya llevaba décadas trabajando en el mundo del cómic, pero Mary nunca había escrito un guion de este tipo. Una noche estábamos en casa, tomando una copa de vino y viendo la televisión, y le dije: «Por qué no escribes tu propia novela gráfica y yo la dibujo?». Ella aceptó y así empezó todo. El primer resultado fue La niña de sus ojos (Dotter of Her Father’s Eyes), que recibió el Costa Biography Award en 2012 y se convirtió en la primera novela gráfica británica en ganar ese importante premio literario.

P. ¿Desde el primer momento había ya una intención de trabajar sobre mujeres y sobre su historia?

Mary: Sí. Yo llevaba mucho tiempo investigando sobre lenguaje y género, y naturalmente estaba interesada en el feminismo y en las cuestiones relacionadas con las mujeres. Pero también me enteré de que había muchas partes de la historia feminista que no conocía suficientemente bien. Las novelas gráficas me permitieron investigar esas cuestiones de otra manera. Quería saber más sobre la historia de los derechos de las mujeres, especialmente sobre la lucha por el voto femenino en Gran Bretaña. Así nació el interés por las sufragistas.

P. Sally Heathcote, sufragista es una de las obras más directamente relacionadas con esa lucha. ¿Qué descubriste durante la investigación?

Mary: Muchas cosas que me sorprendieron. Yo no sabía hasta qué punto era grande el movimiento por el sufragio. Pensaba que era fundamentalmente un movimiento de clase media, pero descubrí que atravesaba todas las clases sociales. Había mujeres trabajadoras de las fábricas de algodón de Lancashire que estaban muy politizadas, pero también mujeres de la aristocracia que participaban activamente. La amplitud del movimiento fue una de las cosas que más me impresionó. También me interesaron mucho sus tácticas. Las sufragistas empleaban los medios de comunicación, los periódicos, los objetos de propaganda e incluso una red de tiendas. Estaban utilizando herramientas que hoy reconocemos perfectamente en la comunicación política. Era el comienzo de la comunicación de masas y de su utilización política.

P. Bryan, ¿cómo tradujiste todo ese contexto histórico al lenguaje visual? Juegas mucho con el blanco y negro, con toques de naranja...

Bryan: Uno de los problemas de Sally Heathcote era que aparecían muchísimas mujeres, todas con peinados y vestidos propios de la época. Necesitábamos que Sally destacara inmediatamente. Al principio, la idea era utilizar principalmente blanco y negro, incorporando los colores tradicionales del movimiento sufragista: violeta, blanco y verde. Pero decidimos hacer que Sally fuera naranja. Así, en cada viñeta en la que aparecía, podías localizarla inmediatamente. Después, otros personajes adquirieron también colores propios. Emmeline Pankhurst, por ejemplo, aparecía con ropa malva. El color se convertía así en una herramienta narrativa.

P. Esa preocupación por la historia de las mujeres continúa en La Virgen Roja, dedicada a Louise Michel. ¿Cómo llegasteis hasta ella?

Bryan: Fue bastante casual. Yo había recibido por correo un libro académico sobre los orígenes del movimiento anarquista y comencé a leerlo. En él aparecía la historia de la Comuna de París y, especialmente, Louise Michel. Nunca había oído hablar de ella y me quedé fascinado. Le dije a Mary: «Esta es tu próxima protagonista. Tienes que escribir sobre esta mujer».

Mary: Yo conocía muy poco sobre la Comuna de París y tuve que empezar a investigar la historia francesa para comprender aquel contexto. Poco después, además, fuimos a París y encontramos por casualidad una exposición fotográfica sobre la Comuna en el ayuntamiento parisino. Había fotografías de las barricadas y de todo aquel periodo. Fue como si diferentes piezas encajaran.

P. ¿Qué os atrajo especialmente de Louise Michel?

Mary: Su vida era extraordinaria. Era una mujer revolucionaria, educadora, escritora y activista. Cuanto más investigaba, más comprendía que su historia permitía hablar no solo de la Comuna de París, sino también de las ideas políticas, de la revolución y de la participación de las mujeres en la transformación social.

Bryan: Y visualmente también era fascinante. La Virgen Roja nos permitía trabajar con el color rojo como elemento simbólico: es el color de la sangre, pero también de la revolución. Louise Michel era conocida precisamente como «la Vierge Rouge» y llevaba un pañuelo rojo. Por ello decidimos construir el libro alrededor del blanco y negro con presencia del rojo.

P. Parece que vuestras protagonistas no son simplemente personajes históricos: son también una manera de recuperar voces femeninas que han quedado fuera del relato tradicional. ¿Es esa una de vuestras intenciones?

Mary: Sí. La investigación me hizo consciente de cuántas historias de mujeres desconocemos. Trabajar sobre ellas es una manera de conocer mejor la historia y también de comprender el presente. Las mujeres han estado siempre implicadas en las transformaciones políticas y sociales, aunque muchas veces los relatos históricos no les hayan dado el mismo espacio.

P. Vuestro trabajo demuestra también que la historia del feminismo no es algo lejano, sino que tiene relación con el presente.

Mary: Desde luego. Si queremos comprender el presente, tenemos que conocer la historia de las luchas feministas. El movimiento sufragista, por ejemplo, empleaba formas de organización, propaganda y comunicación que nos resultan muy familiares hoy. Hay una continuidad histórica.

P. ¿Cómo funciona en la práctica vuestro trabajo en común? ¿Quién escribe y quién decide cómo se cuenta visualmente la historia?

Mary: Yo desarrollo la historia durante meses. Hablamos mucho de ella. Nuestra mesa de la cena es también un lugar de discusión sobre los proyectos. Después escribo el guion y se lo paso a Bryan.

Bryan: Y ahí comienza una colaboración muy estrecha. Yo divido el guion en páginas y viñetas, pero Mary está presente durante todo el proceso. Lo consultamos continuamente. El dibujo no es simplemente ilustrar lo que ella ha escrito: es una colaboración muy próxima.

Mary: Además, Bryan siempre ha sido mi primer lector. Antes de enviar mis textos a un editor, él los lee y señala los errores o las cosas que no funcionan. Yo también he aprendido mucho observando cómo trabaja él.

P. Vuestra primera novela gráfica conjunta, La niña de sus ojos, parte de una historia muy personal y de una figura histórica como Lucia Joyce, la hija de James Joyce. ¿Cómo nació este proyecto?

Bryan: La idea inicial fue mía. Le dije la Mary que podría hacer una novela gráfica sobre su relación con su padre, que era una figura muy conocida internacionalmente y que tenía una relación difícil con ella. Pero cuando Mary comenzó a investigar a la familia Joyce y, en particular, a Lucia Joyce, descubrió una historia que le pareció aún más interesante que la suya propia.

Mary: Sí. Yo estaba pensando inicialmente en mi relación con mi padre, pero cuando empecé a conocer la historia de Lucia me quedé fascinada. Pensé que su historia era mucho más interesante que la mía. Podría decirse que me «escondía» detrás de ella. Al final, de todas formas, la novela acabó entrelazando las dos historias: la relación de Lucia con James Joyce y mi propia relación con mi padre.

P. ¿Es también la obra en la que comienza realmente vuestro lenguaje común como autores?

Mary: Sí. Fue el primer paso. Yo venía de la investigación académica y de la escritura, mientras que Bryan tenía una experiencia muy larga en el mundo de la novela gráfica. El proyecto los permitió combinar esas dos maneras de trabajar.

Bryan: El primer guion de Mary parecía más bien una obra de teatro, con los personajes y los diálogos. Yo cogía ese material y lo convertía en páginas y viñetas. A partir de la siguiente obra, Mary ya empezó a escribir los guiones de una manera mucho más próxima al formato del cómic.

P. Por tanto, ¿vuestra relación personal también forma parte de esa forma de crear?

Bryan: Sí. Llevamos décadas juntos. Cuando empezamos a trabajar profesionalmente, ya nos conocíamos muy bien. La colaboración artística nace de esa confianza.

Mary: Y también de esa conversación constante. No es que uno escriba y el otro simplemente dibuje. Estamos hablando de las historias continuamente.

P. ¿Y qué importancia tiene el hecho de que seáis una pareja que trabaja artísticamente en común?

Mary: Es una relación muy especial. El trabajo está integrado en nuestra vida diaria. Hablamos de las historias, discutimos ideas y revisamos el trabajo del otro.

Bryan: Y también nos complementamos. Mary aporta la investigación, la escritura y su formación académica; yo aporto la experiencia de décadas haciendo cómics y pensando visualmente. Pero esas fronteras tampoco son completamente rígidas. Con el tiempo, hemos ido aprendiendo uno del otro.

P. ¿Esa colaboración también aparece en otras obras, como Lluvia?

Mary: Sí. Lluvia nació de una preocupación personal por el medio ambiente. Hubo unas inundaciones en el norte de Inglaterra y aquello me hizo pensar que ese podía ser el tema de la siguiente novela gráfica. Yo siempre he estado muy interesada en medio ambiente y en la alimentación ecológica.

Bryan: Fuimos a Hebden Bridge, una de las zonas afectadas por las inundaciones, y recorrimos los páramos. Investigamos cómo contribuía al problema la destrucción de las turberas. El paisaje acabó siendo fundamental para la propia forma del libro. Por eso escogimos un formato apaisado, que permitía transmitir la amplitud de los páramos y del cielo.

P. Hay, por lo tanto, una preocupación social que une muchas de vuestras obras: feminismo, desigualdad, medio ambiente, política...

Mary: Sí. Son cuestiones que me interesan profundamente. La investigación histórica no es solo mirar hacia atrás. Nos permite comprender los problemas actuales.

P. En un momento en el que crecen los discursos autoritarios y la extrema derecha, ¿creéis que la literatura y el cómic pueden cambiar la manera de pensar de las personas?

Bryan: Espero que sí. No sé hasta qué punto podemos cambiar directamente la manera de pensar de las personas, pero me gustaría que los libros hicieran pensar. En mis propios libros también he tratado el ascenso del fascismo mediante mundos paralelos. En ese tipo de historias, puedes cambiar los papeles y mostrar cómo se construye un grupo de personas como «enemigo» o «chivo expiatorio».

Mary: Para mí también es importante escribir sobre estas cuestiones. La historia muestra que los movimientos políticos no aparecen de la nada. Hay que entender cómo se construyeron en el pasado para reconocer determinados mecanismos en el presente.

P. Después de tantas obras conjuntas, ¿qué os sigue interesando de las historias de las mujeres?

Mary: La posibilidad de descubrir nuevas historias. Hay muchas mujeres extraordinarias que aún no conocemos suficientemente. La historia está llena de ellas.

Bryan: Si aparece un personaje real que esté bien documentado y que tenga una historia interesante, sería algo que me gustaría explorar. Pero no queremos inventar héroes históricos simplemente porque encajen en lo que queremos contar.

P. Bryan, además del trabajo que hacéis juntos, también continúas desarrollando tus propios proyectos. Antes de trabajar con Mary ya tenías Las aventuras de Luther Arkwright, Grandville, La simbiosis o Historia de una rata mala. ¿En qué estás trabajando ahora?

Bryan: Actualmente estoy trabajando en una nueva historia de Hawksmoor. Es un proyecto que continúa una serie anterior, Grandville. En el último libro de Grandville, el inspector LeBrock cuenta la historia de cómo fue entrenado para convertirse en detective por el inspector Hawksmoor. Este nuevo libro es una especie de precuela: transcurre veintitrés años antes de Grandville y se centra en Hawksmoor cuando era más joven.

Es una historia muy diferente de Grandville. Aquellas obras estaban ambientadas en un París imaginario de la belle époque, mientras que Hawksmoor está ambientada en el Londres victoriano. También cambia la técnica visual: los libros de Grandville están coloreados digitalmente, mientras que aquí estoy utilizando acuarelas, con un tono sepia que pretende recordar a las antiguas fotografías victorianas.

P. Después de tantos años y de tantas obras, ¿cuál diríais que es vuestra obra preferida, o aquella de la que guardáis un recuerdo más especial?

Mary: Es difícil elegir una. Probablemente siempre esté más ligada a la última obra que haya hecho, porque es la que tengo más presente. Pero nos quedamos especialmente satisfechos con Armada de locura (Armed with Madness), la biografía surrealista que hicimos sobre Leonora Carrington. Fue un proyecto muy particular, porque queríamos contar una biografía utilizando un lenguaje surrealista.

Bryan: Para mí también es difícil elegir. Cada libro representa una etapa diferente. Armada de locura fue especialmente interesante porque suponía afrontar una biografía de una manera poco convencional. Pero también guardo un vínculo muy especial con las obras que hicimos sobre las mujeres y con la forma en la que Mary fue descubriendo estas historias a través de la investigación.

Mary: Quizás lo importante no sea tanto decidir cuál es «la mejor», sino que cada libro nos llevó hacia una historia diferente y nos permitió aprender algo nuevo.

P. ¿Y qué os queda por hacer juntos?

Mary: Siempre hay nuevas posibilidades. Actualmente estamos trabajando en proyectos diferentes y también en nuevas obras conjuntas. Una de las próximas es la dedicada a Mary Wollstonecraft.

Bryan: Llevamos años alternando libros de Mary con libros propios míos. Es una dinámica que nos permite mantener también nuestros proyectos individuales, pero continuar colaborando.

P. Si tuvierais que definir lo que habéis aprendido trabajando juntos durante todos estos años, ¿qué diríais?

Mary: Que una buena colaboración puede abrir caminos que probablemente no recorrerías solo. Yo nunca pensé que acabaría escribiendo novelas gráficas.

Bryan: Y yo nunca pensé que mi experiencia en el cómic acabaría mezclándose de este modo con la investigación académica y con la historia de las mujeres. Creo que la clave está precisamente en esa combinación.

Mary: Y, sobre todo, en seguir teniendo curiosidad. Investigar, descubrir una historia y preguntarnos por qué es importante contarla hoy.

Bryan: Eso es lo que hace que el trabajo siga siendo divertido.

Domingo de animación y nuevos valores del cómic en la última jornada del Viñetas

El repaso por la carrera profesional del animador e ilustrador Raúl García protagonizó la mañana, y la infancia «tomó» el festival en sesión de tarde con un mural colaborativo y con el intercambio de cromos

A Coruña.— El festival Viñetas desde o Atlántico cerró su 29.ª edición con una agenda que protagonizó por la mañana el animador Raúl García, que repasó en conversación con la periodista Rocío Ayuso buena parte de su carrera profesional, desde sus inicios trabajando para Hannah Barbera en series como Los Picapiedra hasta su reciente trabajo La violinista, film que codirigió junto con Ervin Han y que acaba de recibir el máximo galardón en el festival de animación de Annecy.

A lo largo de una hora, creador y periodista (además de productora de una de las películas de García) revisaron en una animada charla algunos de los momentos más importantes de la biografía del autor, como su participación en la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o su primer trabajo para Disney dibujando al genio de la lámpara de Aladdin. Hubo tiempo también para los datos curiosos, las anécdotas y las interioridades de la industria de la animación internacional y para repasar su trabajo en otros géneros ya como autor total con Extraordinary Tales, llevada a novela gráfica en España como La caída de la casa Usher.

Ayuso y García destacaron el enorme talento existente entre los creadores y creadoras de animación en España y lamentaron que no exista un tejido industrial que lo sostenga, a pesar de los diversos intentos de crearlo a lo largo de los años.

Presentación de Danay Dana

Por su parte, la autora cubana Danay Dana protagonizó una charla en la que compartió el proceso creativo de su primera obra, La maldición de los Heredia, con la que ganó en el último Salón del Cómic de Zaragoza los premios a la mejor autoría y mejor guion. La creadora desveló que la historia que narra en el libro es, en realidad, la de su tatarabuela, y que fue su abuela quien se la ha ido narrando poco a poco a lo largo de los años.

El proceso de trabajo para llegar hasta su publicación fue largo, tal y como reveló Dana, y tardó hasta 6 años. Afirmó que, pese a los muchos tropiezos y errores, no cambiaría nada del trabajo hecho; en sus palabras, «porque de todo aprendí y formó parte del proceso». Reveló que en este momento ya está pensando en un nuevo título en el que se unen salud mental y santería.

Tarde de cierre festivo en Viñetas

La 29.ª edición del festival cerró la tarde con dos actividades que formaban parte de la programación de Rúa BD especialmente pensadas para el público infantil. A primera hora, el intercambio de cromos, una propuesta organizada por El Baúl de los Recuerdos, congregó a muchos asistentes y despertó especialmente la atención del público familiar.

Sin salir del mismo espacio, Metrópolis Cómics organizó un mural de cómic en el que participaron decenas de niños y niñas durante las últimas horas del evento.

Un neno e unha nena nun obradoiro de Viñetas desde o Atlántico

A lo largo de toda la jornada, un grupo de alumnas y alumnos de la EASD Pablo Picasso tuvo la oportunidad de protagonizar un espacio expositivo en el que daban a conocer su trabajo, que también estaba a la venta. Este showroom es parte de la colaboración establecida por el festival con el centro educativo y una apuesta por los nuevos talentos de la BD y la ilustración.

Raúl García: «La animación es una forma de vida; empiezas como un friki y acabas viviendo de ello»

«Hoy vemos a la familia Simpson como algo normal, pero en aquella época era una sátira muy atrevida de la familia americana», destaca este autor, gran conocedor de esta conocida serie norteamericana

A Coruña.— Fue el primer animador español en incorporarse a Disney, participó en clásicos como La Bella y la Bestia, Aladdin o ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, colaboró con Los Simpson, ganó un Premio Goya y forma parte de la Academia de Hollywood. Con más de cuarenta años de trayectoria, Raúl García visita A Coruña con una exposición dedicada al universo de Los Simpson y reflexiona sobre la evolución de la animación, los cambios en Hollywood y el futuro de una profesión que, asegura, sigue dependiendo mucho más de la creatividad que de la tecnología.

P. Llegas a A Coruña con una exposición dedicada a Los Simpson, una serie con la que mantienes una relación muy especial. ¿Qué ha significado para ti?

Fue una auténtica revolución. Cuando apareció, a finales de los años ochenta, no existía nada parecido. Yo trabajaba entonces en Londres y algunos compañeros estadounidenses recibían los episodios en vídeo antes de que llegaran a Europa. Nos reuníamos para verlos y todos teníamos la sensación de que estábamos ante algo completamente nuevo.

Hoy vemos a la familia Simpson como algo normal, pero en aquella época era una sátira muy atrevida de la familia americana. Bart Simpson diciendo «Cómete mis calzoncillos» era casi una provocación para la televisión de entonces.

P. Tu relación con la serie comenzó mucho antes de su éxito.

Sí. Al terminar la universidad realicé un cortometraje que recorrió varios festivales internacionales. Allí coincidí con tres personas que más tarde marcarían la historia de la animación: Tim Burton, David Silverman y Marc Baker, creador años después de Peppa Pig.

David terminó incorporándose al proyecto de Matt Groening para poner en marcha Los Simpson. Lo curioso es que todos sus amigos le decíamos que aquello no tenía futuro. Le aconsejábamos buscar trabajo en Disney o Warner porque pensábamos que aquella pequeña producción desaparecería enseguida.

Nos equivocamos por completo. Años después me llamaron para colaborar en uno de los especiales de Halloween, concretamente en una parodia de Bambi. Fue una participación pequeña, pero para mí supuso cumplir uno de esos sueños que guardas durante toda la vida. Además, llevo décadas coleccionando material relacionado con Los Simpson, y de esa afición nace precisamente la exposición que presento ahora.

P. Sin embargo, tu gran objetivo siempre fue Disney.

Siempre quise dedicarme al largometraje de animación. En aquellos años apenas existían estudios que produjeran películas, así que fui siguiendo el trabajo por distintos países: Madrid, París, Dublín, Corea o Londres.

Después de participar en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? llegó la llamada que llevaba años esperando. Curiosamente, coincidió con el renacimiento de Disney, que acababa de iniciar una nueva etapa y buscaba una generación completamente nueva de animadores. Tuve la suerte de llegar en el momento justo.

P. Y el primer personaje que te asignaron fue el Genio de Aladdin.

Sí, y sigue siendo mi favorito. En Disney no trabajábamos por escenas, sino por personajes. Durante toda la película eras responsable de uno de ellos, lo que te permitía conocerlo hasta el último detalle. Llegaba un momento en el que ya no pensabas en cómo dibujarlo, sino en cómo interpretaba, cómo reaccionaba o cuál era su personalidad.

Al final, descubres que la animación no consiste en hacer dibujos bonitos. Lo importante es conseguir que el espectador olvide que está viendo un dibujo y crea que ese personaje está vivo. 

P. La industria ha cambiado radicalmente desde entonces.

Completamente. La tecnología nos ha dado una libertad enorme. Hoy puedo dirigir una película desde A Coruña con artistas repartidos entre Panamá, Singapur o Alemania. Eso era impensable cuando todo se hacía con papel, lápiz y cámaras de 35 mm.

Pero también hemos perdido algo muy valioso: la cultura de los estudios. Antes compartíamos espacio todos los días. Veías lo que hacía el compañero, aprendías de él y surgían ideas mientras tomabais un café o recorríais los pasillos. Los estudios estaban llenos de dibujos, caricaturas y bromas privadas. Era un ambiente creativo extraordinario.

Hoy muchos equipos apenas se conocen personalmente. En mi última película trabajaron cerca de doscientas personas y hay compañeros con los que nunca he coincidido físicamente.

P. También cambia mucho la perspectiva cuando dejas de ser animador para convertirte en director.

Es un cambio absoluto. Como animador, interpretas las ideas de otra persona. Como director, la película se convierte en tu visión. Eso te da una enorme libertad, pero también hace muy difícil volver a los grandes estudios, donde continuamente tienes que responder ante productores y ejecutivos.

Siempre digo medio en broma que cada pocos meses aparece alguien nuevo dispuesto a cambiar todo lo que ya estaba aprobado. Forma parte del sistema, pero cuando pruebas la libertad de contar tus propias historias cuesta renunciar a ella.

«La animación nunca ha consistido en hacer buenos dibujos. Consiste en lograr que el espectador olvide que son dibujos»

Raúl García sentado nun banco frente as casetas da feira

P. ¿Y en qué andas ahora?

Ahora estoy inmerso en Flamingo Flamenco, una comedia musical completamente distinta de The Violinist. Después de pasar tantos años haciendo un drama, necesitaba volver al humor.

P. También viviste desde dentro la evolución de la Academia de Hollywood.

Sí. Nunca fui de los que se conforman con votar los Óscar y marcharse a casa. Pasé doce años en el comité ejecutivo y participé en distintos jurados y comisiones. Fue una etapa apasionante, porque coincidió con la apertura de la Academia a nuevas generaciones. Incluso participé en las conversaciones que desembocaron en la creación del Óscar a la mejor película de animación.

A veces pienso en algunas situaciones que me tocó vivir y todavía me cuesta creerlas. Llegué a discutir con Saul Bass sobre el futuro de la Academia y mientras hablaba con él pensaba: «¿Qué hago yo debatiendo con alguien que cambió la historia del diseño y del cine?».

P. En los últimos años decidiste regresar a España. ¿Qué ha cambiado en Hollywood?

Ha cambiado casi todo. El teletrabajo ha hecho que ya no sea necesario vivir en Los Ángeles para hacer películas. Al mismo tiempo, ha aparecido un fuerte problema de edadismo y una enorme inestabilidad en los estudios.

Antes un ejecutivo podía acompañar un proyecto durante cinco años. Ahora muchos cambian de puesto en pocos meses. Eso provoca que una película pueda quedarse paralizada simplemente porque la persona que la apoyaba ya no está.

También he percibido un cambio social importante. California siempre fue un lugar muy abierto y muy diverso, pero en los últimos años la polarización ha aumentado desde la llegada de Donald Trump. Todo eso también influyó en mi decisión de volver.

P. Otro de los grandes desafíos es la inteligencia artificial. ¿Cómo la afrontas?

Toda tecnología cambia la manera de trabajar, pero hay algo que no cambia: las ideas. La gente piensa que animar consiste en dibujar bien, y eso nunca ha sido lo más importante.

Lo realmente difícil es decidir qué dibujar, por qué un personaje mira hacia un lado, por qué guarda silencio en un determinado momento o por qué un movimiento consigue emocionar al espectador. La herramienta puede cambiar. El proceso creativo sigue perteneciendo a las personas.

El maratón de pódcast protagoniza la jornada en un Viñetas lleno de entrevistas y conversaciones

El festival tiñe el sábado del género periodístico de la mano de las conversaciones con autores y autoras en el Carrusel BD y en los pódcast especializados en cómic

A Coruña.— El festival Viñetas desde o Atlántico se llenó este sábado de periodismo, por la mañana en las entrevistas a autores/as, editores/as y profesionales vinculados al mundo del cómic en la segunda sesión del maratón Pódcast BD con Campamento Kripton, El diario de Kovacs, Freakland u Cuac FM. Por sus micros pasaron nombres como los de Raúl García, Pep Brocal, Paulo Monteiro, Sebas Martín, Danay Dana, Xulia Pisón, Carlos González o el propio director del festival, Manel Cráneo, entre otros.

Faladoiro con Sebas Martín na carpa de RúaBD

Fueron cuatro horas de emisión en directo a través de la emisora Cuac FM, en las que hicieron un recorrido por sus carreras profesionales al tiempo que profundizaron en algunos detalles de muchas de las obras presentes en las exposiciones de este año en el festival Viñetas desde o Atlántico.

Sin salir del género periodístico, la tarde se cerró en el Viñetas con un carrusel muy especial, un Carrusel BD repleto de microentrevistas realizadas por la periodista Neves Rodríguez a Jacobo F. S., Danay Dana, Alberto Taracido, Giovanna Lopalco, Sebas Martín y Paulo Monteiro. Una nueva oportunidad de profundizar en el trabajo de algunos de los protagonistas de esta edición del festival.

La jornada del sábado se completó en el festival con numerosas presentaciones y charlas en la Rúa BD; entre ellos, destacan los vinculados a la banda deseñada desenhada portuguesa, protagonista de la muestra que ocupa la sede colaboradora del Círculo de Artesanos, y la organizada por la Asociación Galega de Profesionais da Ilustración (AGPI) en torno al uso de la IA generativa y sus consecuencias en este ámbito profesional. En esta charla, Chus Rojo y Augusto Metztli expusieron algunas de las acciones informativas y divulgativas que desde esta entidad están desarrollando para dar a conocer las consecuencias del uso indiscriminado de este tipo de inteligencia artificial, así como sus implicaciones éticas.

Faladoiro da AGPI na carpa de Rúa BD

Cómic en Portugal

En los encuentros de la tarde, de la mano del autor y editor Marcos Farrajota, la autora Raquel Costa y el autor y director del Festival de BD de Beja Paulo Monteiro, el público de Rúa BD pudo conocer más en profundidad la situación del cómic en Portugal. Coincidieron en señalar el buen momento que vive en la actualidad y la diversidad de estilos y la riqueza existente, al tiempo que apostaron por la relevancia de tender lazos con el sector en Galicia.

Monteiro destacó que existen más de 50 editoriales y 200 autores/as del sector en Portugal, y desveló algunos detalles del Festival de Beja que organiza y que suma ya 21 ediciones. En este momento, tal y como explicaron los intervinientes, existen en el país vecino siete festivales diferentes de cómic y llama la atención el crecimiento del cómic para el público más joven.

Todo esto sucedía en la Rúa BD mientras, a escasos metros, en la plaza de San Andrés, la asociación Autobán celebraba su mercado de autoedición, con una gran afluencia de público durante toda la jornada.

«Si corrí delante de los grises en los 70, ahora tengo el deber de explicarlo»

Sebas Martín protagoniza una de las muestras del Viñetas con memoria social

A Coruña.- Cuenta con orgullo que participó en Barcelona en la primera manifestación en defensa del colectivo LGTBI, y es que Sebas Martín ha dibujado desde finales de los años ochenta historietas orientadas al público gay en diversas publicaciones. Vive su realidad con total normalidad y lucha por normalizarla en todos los ámbitos sociales. Entre los múltiples hitos de su carrera se cuentan el primer premio de cómic Serra i Moret, o el haber sido redactor jefe de la revista especializada en cómic gay Claro que Sí. Con sus obras Que el fin del mundo nos encuentre bailando y La piel como única bandera, Sebas Martín se estrena en el cómic histórico acercándonos a la vida de Basilio y Tomaset. Esta historia, que arranca al final de la República y continúa en el exilio en Francia durante la Guerra Civil, de la mano de un autor con una larga trayectoria, forma parte de las muestras do Viñetas 2026 presentes en el Kiosco Alfonso.

Allá por los 80 empezabas a colaborar en algunas revistas y publicaciones de cómic. Trabajabas como interiorista y decides lanzarte de lleno al mundo del cómic. ¿Cómo tomas esa decisión?

Yo tenía muy claro que quería dedicarme al mundo del cómic desde niño; cuando les preguntaban a otros niños que querían ser y decían «astronauta, bombero», siempre decía «yo, dibujante de historietas». Pero no sabía por dónde salir, eran otros tiempos. Yo vengo de una familia que no tiene absolutamente nada que ver con el mundo de la creatividad ni el arte ni nada. Empecé a estudiar diseño gráfico en Barcelona, en la Llotja, la escuela de artes y oficios y, de hecho, nunca trabajé de diseñador gráfico. Encontré mientras estaba estudiando un primer trabajo de interiorista y estuve unos 15 años trabajando. Primero en tiendas y, luego, en una tienda del paseo de Gracia, pero no tenía vida. El trabajo estaba bien, pero no tenía vida, y mi verdadera pasión, que era el cómic, estaba totalmente aparcada. Lo dejé y probé suerte.

La cosa fue irregular, pero en aquel tiempo estaban las revistas, donde, haciendo pequeñas colaboraciones en un montón de sitios, podías llegar a final de mes. Y así estuve hasta mediados de los 90, que fue cuando las revistas iniciaron su canto del cisne. Todo el mundo te pedía solo una novela gráfica y, claro, con una sola novela gráfica cada año no pagas el agua, el gas y la luz y llenas la nevera. Así que ahí me tuve que buscar otro trabajo, pero con una jornada intensiva que me permite estar libre a las 5 de la tarde para poder seguir trabajando en lo mío.

Pero desde chiquitín tenías clarísimo que lo tuyo eran las historietas y el dibujo.

Aunque parezca un poco melodramático, yo tengo una edad y de pequeño no había mucho papel en casa, pero sí se compraban los diarios y yo dibujaba batallitas en los márgenes blancos de los periódicos. En mi casa podías ver el papel de periódico que ponía mi madre después de fregar lleno de dibujos míos alrededor. En el colegio, cuando hacía una redacción primaban más los dibujos que hacía para ilustrar la redacción que el texto, y cuando debía de tener unos 12 años, entonces no había fotocopias, hacía una historieta semanal que iba de los compañeros de colegio y hacía varias copias apretando fuerte con papel de calco.

Así que, eso del fanzine, yo, antes de las fotocopias ya lo hacía. Lo tenía muy claro, pero no lo entendían, te llamaban pintamonas. Estaba bien hacerlo un rato, pero no dedicarte a esto.

¿Qué influencias artísticas o creativas has tenido, más allá del mundo del cómic?

A nivel narrativo, yo bebo más de la sitcom que del cómic en sí; de hecho, cuando la gente lee mis historietas dice «de esto se podría hacer una serie». Hago la escala narrativa por escenas que se parecen a esas escenas del sitcom que están pensadas para que duren unos 10 minutos para que luego te pongan un par de anuncios. A mí me gusta que, en mis novelas gráficas, aunque haya una continuidad narrativa de 200 páginas, tú lo puedas dejar de leer cada 10 páginas.

Todo el mundo me pregunta por los grandes autores de cómic LGTBI+, al ser lo que yo hago: por Nazario, por Tom of Finland... Mi tipo de dibujo no tiene nada que ver con ellos, ni mi tipo de narrativa, pero, si ellos no hubieran abierto camino, yo no estaría aquí. A nivel de estilo, yo tengo muchas más referencias en la línea clara francobelga. Hay gente que me ha comparado con Jacques Tardi, porque ambienta mucho y trabaja mucho los interiores y eso a mí me encanta; de hecho, es uno de mis autores favoritos junto a Moebius. O aquí, en España, Paco Roca y Pilarín Bayés.

¿Cuál es tu proceso creativo?

Soy muy metódico. Tengo una serie de ideas que guardo en un cajón, ideas sobre de qué quiero que vaya una historia, y con eso creo una escala narrativa. Cuando tengo la escala narrativa con cosas que quiero que pasen (que incluso lo hago en papeles que voy colocando en un corcho, como si se tratara de una serie de televisión), entonces me pongo a escribir un guion técnico, viñeta a viñeta: dónde van los personajes, tipo de plano... Y en mayúscula y negrita pongo los diálogos. Cuando tengo el guion técnico acabado, lo empiezo a dibujar.

Dibujo siempre a mano, lápiz en papel de croquis DIN A3, porque me resulta especialmente práctico. Paso a tinta en papel Canson vegetal; de esta manera no necesito ni mesa de luz, descansa mucho más la vista y no tengo que borrar tampoco. Lo hago con plumilla, mojando la plumilla en tinta china. He conseguido unas plumillas que el día que las dejen de fabricar me van a matar. Ya las compro por cajas de 20 en 20.

Y escaneo y lo único que hago en digital es poner grises cuando es blanco y negro con grises, y cuando es color, el color. Lo bueno que tiene en esta fase el digital es que no te ensucias, si tienes 20 minutos te puedes poner a colorear y dejarlo.

Me gusta mucho utilizar el blanco y negro con grises, porque funciona muy bien para el tipo de historias que yo hago.

La fase de rotulación la hace Iris Bermúdez, de La Cúpula, que es mi rotulista maravillosa, con la que trabajo en continuo contacto. Y ya la fase final, la entrega. Que siempre intento que sea una novela gráfica de 100 páginas y se me va siempre a 300. Parezco uno de esos directores de cine que no saben hacer películas de menos de dos horas. Me van saliendo muchas cosas que explicar. Hay un momento en que los personajes se mueven solos. Te guían. Eso me pasa mucho.

O ilustrador Sebas Martín sentado a carón da fonte do Kiosko Alfonso

Vayamos un poco antes, al momento en el que surgen esas ideas que almacenas en el cajón esperando a sacarlas. ¿Cuándo y cómo te inspiras para crear tus novelas gráficas?

Esto es tremendo. Mi hijo me decía el otro día que tendría que vivir por lo menos hasta los 130 años para escribir historias con todo lo que se me ocurre. Soy una persona que tiene muchas ideas, porque me voy fijando mucho en el mundo que me rodea. Voy en el autobús y voy escuchando una conversación y digo «esto lo podrían decir estos dos personajes» o «de aquí puedo tirar del hilo y sacar una historia».

Mis guiones, normalmente, tienen lugar en el año en que los escribo, excepto la saga de La piel como única bandera y Que el fin del mundo nos encuentre bailando. Hablo de lo que ha sucedido en el último año, de cosas reales, con lo cual siempre tengo material. Siendo una persona abierta al mundo, siempre tienes material. Recuerdo que hace dos años en el Salón del Cómic de Valencia alguien me preguntó si tenía crisis creativas y tuve que ir a la Wikipedia a ver qué quería decir. Eso de las crisis creativas no sé lo que es.

Pero decías que con las obras que están en Viñetas no ha sido así, al abordar la memoria histórica.

Con mi trilogía de la memoria, la chispa de la idea ha tenido otro recorrido. La idea dormía en un cajón desde hace 10 años, porque yo necesitaba madurez profesional para poder desarrollar esta historia que tenía lugar en los últimos días de la República en el caso del primer volumen. Hablamos además de una historia que está basada muy libremente en las memorias de un tío mío, del hermano mayor de mi padre. Mucha de la documentación que aparece es de primera mano. De hecho, tenía que ser una sola historia, autoconclusiva, que finaliza el día en que se levantan los fascistas y empieza la guerra civil. Pero muchos lectores querían saber qué les pasaba a esos personajes y a mí también me picaba el gusanillo de seguir.

Pensé en hacer una segunda parte, pero, si con la primera llegué a 300 páginas... Quedaba claro que necesitaba más espacio para que quedase algo bien explicado. No dejarme muchos cabos sueltos.

Esta fue la primera obra que hice con documentación histórica. Ha sido el triple de trabajo que una de mis creaciones convencionales, pero me lo he pasado tan bien que ahora estoy trabajando en más obra de memoria histórica. De hecho, este año he ganado el premio Finestres de cómic por esta obra en catalán, la segunda parte, La piel como única bandera. Además, cada vez que busco algo encuentro más cosas, tiro del hilo y me voy animando muchísimo.

Viñetas apuesta en esta edición de forma clara por la memoria social y la memoria histórica como ejes. ¿Qué crees que aporta el cómic a la visión que tenemos de lo que sucedió en España y de la lucha por los derechos sociales?

Creo que el cómic tiene una ventaja sobre otros medios narrativos y es que a mucha gente, sobre todo gente joven, que no se atrevería con un libro que hable de memoria histórica, le causa cierto rechazo. «Esto es un tocho», piensan. Sin embargo, el cómic entra muy bien por las ilustraciones, y por esa rendija podemos colarnos para explicar cosas que pasaron y que creo que son muy necesarias, porque, si algo ha perdido en este país, si es que la tuvimos alguna vez, es la memoria histórica. No recordamos qué ha pasado a muchos niveles. No solo a nivel político, sino también ahora, por ejemplo, a nivel de emigración. Fuimos durante muchos años un país de emigrantes.

Creo que es un deber que tenemos, el de explicarlo. Y creo, además, que no es solo que tengamos la obligación, sino que es que nos apetece a muchos autores. Yo siempre digo que, si corrí delante de los grises en los 70 ahora tengo el deber de explicarlo.

Tus novelas gráficas tienen unos títulos potentes. ¿Los trabajas mucho?

Es cierto que se me dan bien los títulos y que además siempre utilizo títulos largos. Se me da bien, pero también les doy mucha importancia. En una de mis series, la de Peluche, que es guionista de cómics, hago que él haga esos cómics con esos títulos que se me han ocurrido y que yo no puedo hacer. Así al menos hago las portadas de esos cómics, de esas novelas gráficas. De hecho, ya tengo el título de la tercera parte de mi saga de la memoria histórica.

¿Podemos tener la primicia?

Sí, os lo puedo decir. Se llama Solo se recuerdan las heridas. Se me ocurrió porque realmente, aunque cicatricen, las heridas se recuerdan, sobre todo las interiores.

Tu carrera se ha centrado, tal y como tú mismo cuentas, en el cómic gay. ¿Crees que es necesaria la etiqueta?

Mis personajes son gays, pero yo nunca he escrito historias dentro del gueto. Mis protagonistas tienen madres, amigos heteros, primos, vecinas...

Es un nicho quizás, o lo fue durante un tiempo para mí. Mi editor, Emilio, de La Cúpula, siempre decía que yo tenía un público quizás más reducido, pero tremendamente fiel. Y eso ha hecho también que se interese por el cómic mucha gente del colectivo que no se interesaba porque, aparte del cómic erótico gay, no había un cómic que explicase su vida cotidiana. De pronto, con estas dos novelas gráficas sobre la memoria histórica, el público generalista se ha dado cuenta del tipo de historia que explico y muchos están empezando a comprar mis novelas anteriores y les gustan.

Soy muy militante, participo en charlas y encuentros en defensa del colectivo; de hecho, yo viví la primera manifestación, siendo muy jovencito. Hay muchas cosas por las que luchar a todos los niveles, no solo dentro del colectivo LGTBI, y estamos a un pasito de perderlas. Tenemos que seguir dando caña.

Así que, ¿la etiqueta de cómic gay? No la rechazo, veo que me funciona bien, pero no soy exclusivo. Mi cómic tiene temática gay, pero no es solo para gays, es para todo el mundo. Y no soy el único autor gay que hace este tipo de cómic. De hecho, Ralf König ahora se ha convertido en algo que leen más heteros que gays, y me parece muy bien.

¿Al final lo que importan son las historias?

Es que al final el cómic se divide en dos categorías: bueno o malo. Hay cómic gay muy bueno y lo hay malísimo, como de cualquier otro tipo. Pero lo curioso es que mucha gente me dice «¿y por qué no te dedicas a hacer otro tipo de cómic?». ¿Y por qué no te dedicas tú, a ver? Si a mí me va bien aquí, ¿por qué tengo que dejar de hacerlo? A ver, ¿por qué tú te vistes siempre de negro y no te vistes de verde?

Los autores de novela negra hacen novela negra porque les gusta y funcionan bien en ella. ¿Acaso tienen que pasarse a hacer recetarios de cocina?

Cuéntanos con tu mirada lo que se van a encontrar los/as visitantes de tu exposición en el Kiosco Alfonso.

Lo que se van a encontrar van a ser como dos tráilers para ver la película, que te entren ganas de leerte los dos libros. Son 40 páginas en las que podrán ver cómo desarrollo los diálogos y conocerán a Basilio y Tomaset. Hay quien me dice que ya forma parte de su familia, incluso piensan que son unos tíos mayores, que les están explicando su historia. Y la gente que sea del colectivo va a ver que no hemos inventado nada, que en los años 30 ya nos daban cincuenta vueltas saliendo, encontrando lugares, reivindicando, luchando... y verá toda esa Barcelona canalla de la República que tenía lugares reseñados en espacios como Le Monde o el Times porque eran un lugar de referencia, sobre todo para aristócratas y burgueses que buscaban emociones fuertes.

Y en la segunda parte se van a encontrar la historia de un exilio, y hablo de cómo los exiliados que llegaron a Francia pensaban que iban a ser recibidos con los brazos abiertos y fueron confinados en lo que se llamaba campos de refugiados, que realmente eran campos de concentración. Y desde allí todas las aventuras de este exiliado que es Basilio y cómo llega a integrarse en la sociedad francesa.

De tus últimas lecturas en cómic, ¿qué recomendarías?

Pues podría recomendar muchas pero voy con tres.

Anatomía de un esqueleto, de Pep Brocal. Aprendiz de cuervo, la edición integral, de Danide, una absoluta delicia que me recuerda a La isla del doctor Moreau mezclado con Rebelión en la granja. Diario del Yeti, de Santi Arcas, que, en principio, parece una historia del Yeti, pero, en realidad, es una historia urbana.

Viñetas cierra una jornada de viernes con enorme afluencia de público

El festival incluye en su programación dos charlas vinculadas a la memoria social y a la lucha por los derechos civiles, de la mano de figuras como Bryan Talbot y Mary M. Talbot, Pep Brocal y Sebas Martín

A Coruña.— El festival Viñetas desde o Atlántico completó su jornada de viernes con una extensa y rica programación en la que se contaron dos charlas diferentes vinculadas a los procesos creativos de los autores Pep Brocal, con Caridad del Río; Sebas Martín, con La piel como única bandera y Que el fin del mundo nos encuentre bailando; y Mary M. Talbot y Bryan Talbot, con La virgen roja, Sally Heathcote: sufragista y Lluvia.

En la charla de la mañana, los dos autores catalanes, de la mano de Vanesa Santiago, desvelaron algunos detalles del proceso creativo que los llevó a firmar los libros que protagonizan sus respectivas muestras, presentes en el Kiosco Alfonso. Brocal y Martín coincidieron en la importancia de seguir trayendo al presente experiencias como las vividas por sus protagonistas en un momento como el actual.

Faladoiro con Pep Brocal e Sebas Martín na carpa do Viñetas 2026

Ya por la tarde, los británicos Mary M. Talbot y Bryan Talbot contaron en su charla las tramas de tres de sus obras conjuntas vinculadas a temáticas relacionadas con las luchas sociales: la lucha sufragista, la comuna de París y las luchas sociales, y la lucha ecologista.

La tónica de la jornada fue la de las colas en las firmas (de cerca de una hora en el caso de los Talbot) y las mareas de gente yendo y viniendo, comprando en los stands y visitando las muestras que ocupan los espacios expositivos ubicados en las cercanías de la Rúa BD.

Mary M. Talbot e Bryan Talbot na caseta de Viñetas Estudio asinando exemplares

José Pablo García: «La ligereza del cómic ayuda a abordar temas complejos como la memoria histórica»

El autor malagueño protagoniza la muestra de la Casa Museo Casares Quiroga con sus adaptaciones de las obras de Paul Preston en torno a la guerra civil española

A Coruña, agosto de 2026.— José Pablo García es uno de los nombres propios de la 29 edición del Viñetas. La muestra ‘La guerra civil’, de Paul Preston, que se puede visitar en la Casa Museo Casares Quiroga, incluye sus adaptaciones de La guerra civil española, La muerte de Guernica y Franco, del historiador británico. García (Málaga, 1982) ganó el premio de Cómic Injuve en 2009. Con Las aventuras de Joselito – El pequeño ruiseñor hizo una documentada biografía del cantante. Ha adaptado también al cómic la novela de Javier Cercas Soldados de Salamina y El hijo del chófer, de Jordi Amat. Conversamos con él en torno a su obra y su presencia en el festival.

P. ¿Cómo fueron tus inicios en el mundo del cómic? Tengo entendido que ya cuando eras niño hiciste tus pinitos.

Sí, yo llevo dibujando cómic desde los 6 años y con apenas 10 años publicaba en un periódico pequeño, local, El Sol de Antequera,; a lo largo de 30 semanas, publiqué la historia de la humanidad en cómic, ahí es nada. Por suerte, lo tengo todo guardado, porque yo hablo con muchos autores y han perdido mucho trabajo de épocas tempranas porque sus padres no son tan Diógenes como los míos, pero yo tengo como 400 páginas guardadas, archivadas cronológicamente.

Creaba mis personajes, hacía mis tiras. Por supuesto, muy influenciado por Mortadelo, por Tintín, Astérix, la típica influencia de esa edad.

P. ¿Se puede vivir del mundo del cómic en España en el siglo XXI?

Sí, a ver, yo lo estoy haciendo, pero tengo muchas dudas al respecto. Por muchos motivos. Soy optimista, desde luego, pero cuando un libro funciona no siempre sabes por qué. Puede ser un simple golpe de suerte, nunca sabes. En este negocio hay que tener siempre un plan B.

P. En cuanto a tu proceso creativo, ¿es similar en encargos como el caso de las obras que están en la expo de Viñetas y en proyectos propios como Palindrotiras?

Yo siempre trato de amoldarme al proyecto en el que estoy, y para ello adapto el estilo de dibujo y el tono, aunque yo pienso que siempre soy yo en todas las obras. Hay quien dice que no ve mi estilo, pero yo sí lo veo, incluso en las adaptaciones de Preston; hay muchas diferencias entre las dos primeras, La guerra civil española y La muerte de Guernica, y la tercera, la de Franco, que es más caricaturesca y tiene toques de humor sutil. Porque tenía muy presente que leer una biografía de un personaje como Franco sin que haya toques que lo aligeren sería demasiado árido.

P. Hablamos de las adaptaciones de unas obras que son casi monumentales. ¿Fue largo el proceso?

Pues no tanto, sobre todo en el caso de las dos primeras obras, en las que había que respetar una fecha de entrega que era de unos siete meses. Tenía esa presión y tuve que meterme caña, mientras que en otras, como la de Franco, pude tomármelo con más calma, porque fueron unos dos años.

Pero otras obras que no han sido encargos, como la de Palindrotiras, por ejemplo, sin presión de ningún tipo, la terminé muy rápido porque me divertía mucho. Los palíndromos siempre han sido mi pasión, mi mayor afición ahora mismo.

Al final di con la fórmula, que sería hacer un recorrido por la historia del palindromismo gráfico, un género que no existe, claro. Creé una falsa antología. Y, una vez que tuve eso, me puse a trabajar, porque imitar los estilos de otros autores siempre me ha resultado muy divertido: me pongo en la piel de otro, como un actor. Me divierte y me resulta más estimulante trabajar así que mantener un estilo concreto.

José Pablo García na súa exposición na Casa Museo Casares Quiroga

P. En el caso de las adaptaciones en torno a la guerra civil española, ¿has mantenido contacto con Paul Preston a lo largo del proceso de trabajo?

No, con el primero me busqué la vida yo solito. Con el segundo, el de Guernica, contacté con él en un par de ocasiones.

Me divierte mucho la parte de la documentación y buscar datos en fuentes de todo tipo. En realidad, sobre todo, no buscar en Internet, sino en hemerotecas, archivos, revistas antiguas…, que es donde se encuentran las cosas más valiosas.

P. Desde tu experiencia, ¿qué crees que aporta el cómic a la visión de la memoria histórica?

Es muy necesario y está visto que cada vez más. Estamos en un momento complejo. Antes, decir que eras antifascista era una obviedad, pero ya no es así. Yo creo que un medio como el cómic es mucho más directo que otros. Esa ligereza y amenidad es beneficiosa a la hora de informarse. Sobre todo en los temas y las épocas que yo he abordado.

P. ¿Tus libros se leen en educación secundaria?

Esa era la idea inicial de la editorial, en parte. Adaptar los libros de Paul Preston para llegar a esos públicos. Era algo que no se había hecho hasta ese momento. Ahora ya se han hecho más adaptaciones de ese tipo; recientemente, una sobre la misma temática, de Julián Casanova, España partida en dos [adaptada por Miguel Casanova e Carles Esquembre]. Pero cuando lo hicimos fue novedoso, una idea de la editora que contactó conmigo, y yo, cuando me puse a trabajar en el libro, no tenía muy claro si aquello iba a funcionar.

Es un proyecto complejo, porque es muchísima información y no puedes cribar la mayoría, dado que todo es importante y cada paso es fundamental para entender el siguiente, con muchísimos personajes… Desde dentro, yo tenía todas las dudas del mundo, pero al final resultó que no. La cosa funcionó y es con diferencia mi libro con mayores ventas.

P. Justamente en el Viñetas presentas Palindrotiras, un libro que no tiene nada que ver con tu obra anterior.

Estaré eternamente agradecido a Ausaider Cómics por haber apostado por él; era muy arriesgado. Hay una comunidad de palindromistas en España, pero es algo muy de nicho. Somos unas cien personas en España que hacemos palíndromos y los compartimos entre nosotros, y se autoeditan libros. Entonces, mi apuesta era la de intentar hacer mainstream algo totalmente de nicho, con toda la dificultad que eso conlleva.

A mí los palíndromos me han gustado desde siempre y siempre me han resultado divertidos sonoramente y por las imágenes que generan, muy extrañas, que surgen por la simetría de la frase y de conceptos que nada tienen que ver entre sí y que, de repente, son obligados a entenderse. Siempre he visto que había ahí materia prima para hacer humor gráfico.

Hace unos 20 años, cuando empecé en el mundo del cómic, no tenía claro de qué hablar, qué hacer, y pensé en hacer humor gráfico con los palíndromos. Luego, hace 10 años abrí una cuenta en Twitter en la que comencé a comentar la actualidad política y social y poco a poco fui ganando seguidores, se fue popularizando, alguno se hizo viral… Siempre me rondó la cabeza hacer un libro con eso.

La primera idea que tuve fue hacer un librito ilustrado con palíndromos acompañados de viñetas, pero en un momento dado me lie la manta a la cabeza y me lancé a un proyecto más ambicioso. Se me ocurrió la idea del recorrido histórico y pedí ayuda a dos colaboradores de la cuenta, y a partir de ahí ya empecé a trabajar.

Asistentes á inauguración da exposición de José Pablo García na Casa Museo Casares Quiroga

P. ¿Te animas a crear un palíndromo del eclipse?

No, no, no se puede. Hay palabras que están totalmente descartadas porque con ellas no se puede hacer un palíndromo, y eclipse es una de ellas.

P. Y el tema de la memoria histórica, ¿te apetece seguir trabajando en esa línea?

Sí, sí, estoy haciendo una cuarta colaboración con Paul Preston, aunque no puedo decir de qué se trata, pero puedo avanzar que va a dar que hablar. Es un tema muy de actualidad; es lo único que puedo decir.

P. ¿Qué cómics recomiendas de los últimos que has leído?

Podría recomendar muchos, pero me quedo con uno porque es una barbaridad: El vecino, de Pepo Pérez y Santiago García. Me lo estoy terminando todavía y me está pareciendo un festival gráfico, una cosa inconmensurable. Es la cuarta entrega de una saga y no tiene nada que ver con los otros tres. Muestra todo lo que no se ha visto en los otros: puñetazos, batallas…, siempre con el humor de por medio.

Viñetas inaugura una de sus exposiciones estrella, centrada en la guerra civil española

El festival entra en su fase final con una muestra que recoge las adaptaciones de las obras de Paul Preston a cómic realizadas por José Pablo García

El concejal de Cultura y Turismo, Gonzalo Castro, recordó que una viñeta «puede humanizar la historia, mostrar las consecuencias concretas de la violencia y ayudarnos a formular preguntas necesarias»

A Coruña.— La Casa Museo Casares Quiroga fue el escenario de la inauguración de la expo “‘La guerra civil’, de Paul Preston, de la autoría de José Pablo García, que se enmarca dentro de la programación del festival Viñetas desde o Atlántico.

En el acto celebrado esta mañana participaron el concejal de Cultura, Gonzalo Castro; el director del festival, Manel Cráneo; el autor, José Pablo García, y Antonio, el artesano de Enxógate que elaboró el móvil que representa el bombardeo de Guernica relatado en una de las obras de la muestra.

Gonzalo Castro destacó que «las obras de Paul Preston ayudaron a varias generaciones a comprender la guerra civil, la destrucción de Guernica y la dictadura fascista. Y el cómic muestra, una vez más, que es una herramienta para pensar, aprender y conversar. Una viñeta puede detener la mirada en un hecho que a veces una cifra o una página de texto dejan pasar. Puede humanizar la historia, mostrar las consecuencias concretas de la violencia y ayudarnos a formular preguntas necesarias».

Por su parte, Manel Cráneo hizo especial hincapié en la relevancia que la memoria histórica tiene en la programación de esta 29.ª edición del Viñetas, al tiempo que puso en valor la calidad del trabajo del autor, en una obra que abarca la adaptación a novela gráfica del trabajo del historiador Paul Preston en tres volúmenes distintos: La guerra civil española, La muerte de Guernica y Franco.

Cráneo destacó el elevadísimo nivel de las 24 muestras que componen este año la sección expositiva del Viñetas y apostó por la necesaria expansión del festival a nuevas sedes como esta, en su crecimiento natural que permite que cada año llegue a más público.

Asistentes á inauguración da exposición na Casa Museo Casares Quiroga

Otro de los elementos que destacó fue la relevancia de la colaboración entre la Asociación Galega de Artesáns y el Viñetas, fruto de la cual, tanto en esta muestra como en las que ocupan el Kiosco Alfonso y la Casa de la Cultura Salvador de Madariaga, diferentes artesanos «sacaron» de las viñetas elementos y personajes variados dándoles cuerpo. En el caso concreto de la exposición de la Casares Quiroga, los/as visitantes podrán ver un colgante con un avión lanzando bombas, extraído del libro La muerte de Guernica, elaborado por Manuel, del taller de artesanía Enxógate, que acudió también a la inauguración.

El autor, José Pablo García, relató en la visita guiada que dedicó varios años a estos trabajos de adaptación y se documentó a través de fuentes muy variadas. El creador contó que, a pesar de tratar una temática similar, «hay muchas diferencias entre las dos primeras, La guerra civil española y La muerte de Guernica, y la tercera, la de Franco, que es más caricaturesca y tiene toques de humor sutil. Porque tenía muy presente que leer una biografía de un personaje como Franco sin que haya toques que lo aligeren sería demasiado árido».

La muestra podrá visitarse hasta el 27 de septiembre en la que es nueva sede de exposiciones del Viñetas en este año 2026, la Casa Museo Casares Quiroga, en la calle Panaderas.

Jacobo F. S.: «Nunca pienso en hacer un producto infantil; pienso en hacer una buena historia»

«El cómic en gallego está mejor porque hay muchísima más gente haciendo cómic, pero para vivir de esto hay que hacer la obra y venderla en cuantos más sitios mejor», apunta el ilustrador vigués.

A Coruña.— Después de diez años de espera, Marcopola ha regresado a las librerías coincidiendo con la gran exposición que Viñetas desde o Atlántico dedica a su autor. Ilustrador, escritor y profesor, Jacobo F. S. (Jacobo Fernández Serrano, Vigo, 1971) repasa la evolución de su universo creativo, reflexiona sobre el momento que vive el cómic gallego y analiza los retos de un sector que ha crecido mucho en los últimos años, pero que sigue buscando un modelo sostenible.

P. Después de tantos años, Marcopola se ha convertido ya en un universo propio. ¿Cómo nació?

Marcopola es la última cristalización de un trabajo que he ido haciendo en Los amigos de Archimboldo Roque. Básicamente, es lo que se puede ver en la exposición. Comenzó con Los amigos de Archimboldo Roque y, a partir de ahí, fue encajando mi mundo, tanto en el aspecto gráfico como en el narrativo, en los temas que trato y en el tipo de personajes. De hecho, Marcopola aparece por primera vez como personaje secundario en Los amigos de Archimboldo Roque. A partir de ahí, fue creciendo.

P. ¿Y qué tiene un personaje secundario para acabar convirtiéndose en el protagonista de una serie?

A veces pasa. La serie de Archimboldo se prestaba mucho a eso, porque cada entrega era prácticamente como un cuento, con una enorme variedad de personajes. Había mucho espacio para que apareciesen personajes diferentes.

Y luego ocurre que vas creando personajes y, de repente, hay alguno que se queda ahí palpitando. No sabes muy bien por qué, pero te da más curiosidad. Te da la sensación de que ahí hay algo más que contar, que ese personaje tiene más cosas que decir.

Por un lado, está la curiosidad del autor por saber qué es ese personaje, qué haría, cómo se mueve, cómo piensa. Y por otro está la propia necesidad del personaje de vivir, de hacer cosas, de disfrutar. Y en algún momento encuentras ahí un terreno para desarrollar una historia.

P. ¿Y de dónde viene el nombre de Marcopola? Por un lado, remite a los viajes de Marco Polo y, por otro, a la feminización de esa figura.

Tiene que ver directamente con Los viajes de Marco Polo. En el primer número, el remo es lo que permite que Marcopola se mueva y viaje. Ese remo era de un chico, Xerafino, que lo perdió cuando jugaba a Marco Polo. Y, precisamente, Los viajes de Marco Polo es su libro preferido.

Marcopola era una isla que no tenía nombre y fue Xerafino quien le puso ese nombre. El femenino tiene también una explicación gramatical: es una isla.

P. La serie está funcionando especialmente bien entre el público infantil y juvenil. ¿Por qué crees que conecta tanto con los chavales?

Es difícil de saber. Supongo que coincidió que algunas teclas funcionan. Yo no hago Marcopola pensando que estoy haciendo un producto para un determinado público. Es una obra de autor y, después, fui buscando dónde poder editarla. No es un encargo.

Creo que coincidió que el tipo de humor, los personajes, el humor absurdo que utilizo mucho y ese tipo de fantasía e imaginación les hacen gracia.

También hay una cuestión importante: la sensación de que los personajes están vivos. Están haciendo cosas, se mueven, interactúan. Si te interesa lo que están desarrollando, si te hace gracia, sigues adelante. Esa es también una de las cosas propias del cómic cuando funciona: tienes delante una sensación de vida.

«El cómic en gallego está mejor porque hay muchísima más gente haciendo cómic»

O ilustrador Jacobo F. S. posa subido a uns xogos infantís

P. Y, hablando de esta sensación, ¿cómo ves el momento actual del cómic en gallego, tanto para el público infantil como para la novela gráfica?

Mucho mejor. Pero principalmente porque hay más cómics. Hay más gente haciendo cómic y, sobre todo, hay más chicos y chicas que se incorporan.

Yo también soy profesor de ilustración y veo esa evolución. Las nuevas generaciones son más numerosas. Al principio había cuatro o cinco personas; después, en mi época, ya había más; en la siguiente, aún más, y ahora hay muchísima gente haciendo cómic de calidad.

Además, el cómic infantil y juvenil es uno de los ámbitos más demandados por las editoriales. Es un tipo de obra que está funcionando. Yo estoy en contacto con editoriales por la escuela y por mi trabajo y veo que les piden a los alumnos que terminan proyectos de cómic infantil porque se están colocando muy bien.

P. Hubo un momento en el que el cómic parecía tener que demostrar que podía entrar en las aulas. ¿Eso ya ha cambiado?

Sí. Marcopola fue el primer cómic que, sin ser una revista ni formar parte de una publicación periódica, entró en prescripción de lectura en las escuelas. Había profesores que lo utilizaban para trabajar determinadas cuestiones en clase.

Al principio era algo que chocaba. Pero si entra y funciona, continúa. Y funcionó. Hoy en día hay estudios, investigación e incluso espacios universitarios dedicados al cómic aplicado a la educación. Ya es un campo de estudio. Por eso digo que está mejor: porque ahora hay muchísimo más.

P. ¿Y desde el punto de vista de la industria?

Ahí sigo viendo un poco las mismas dificultades. Una industria gallega, entendida como una industria individual que permita a un autor vivir exclusivamente del cómic, por el tamaño del mercado es prácticamente imposible.

Lo que tiene que hacer un autor es una obra, tratar de publicarla en su lengua e intentar venderla a otras lenguas. Con el mismo trabajo vas sumando y, al final, puedes hacerlo rentable. Porque también es muy difícil para una editorial pagar lo que realmente debería cobrarse por un álbum de cómic de cincuenta páginas. En una edición hay un adelanto, pero quien apuesta de verdad es el autor: apuesta su tiempo y su trabajo.

Y después están todos los demás aspectos: cómo se hace el cómic, cómo se paga, cómo se vende, cómo se distribuye, cómo se da a conocer, qué presencia tiene en las librerías y en los grandes almacenes... Hay muchas piezas.

P. En ese sentido, internet ha abierto una puerta importante.

Claro. Las nuevas generaciones están en contacto con gente de todo el mundo. Hay que hacer la obra, tiene que tener calidad y después hay que venderla. Cuantos más sitios, mejor. Y, obviamente, si puedes traducirla, mucho mejor.

P. Precisamente, tú te mueves también entre el cómic, la literatura infantil y la ilustración. ¿Hay mucha diferencia entre esos ámbitos?

En el fondo, no tanta. Yo soy dibujante y tengo mis gustos, las cosas que me interesan estéticamente, pero también soy autor. Tengo cómic, literatura infantil y otros proyectos.

Incluso cuando escribo un libro estoy pensando en los dibujos. No sé si me habría lanzado a presentar manuscritos literarios si no pudiera combinar esa herramienta que tengo para contar las cosas, que es el dibujo. Hay una tradición muy importante de autoría en la que la misma persona escribe e ilustra.

Puedes hacer un álbum ilustrado, un libro ilustrado o un cómic, pero el autor está construyendo también su visión estética.

P. Pero tú sabes bien que es diferente escribir una historia y saber contarla también con el dibujo.

Sí. Hay una técnica narrativa propia del dibujo. Lo que tienes en la mano para contar es escribir y dibujar. Y el dibujo aporta muchos recursos narrativos.

No es un dibujo para decorar, es un dibujo para contar la historia. La historia está sostenida por el dibujo y por el texto. Y cuando vas adquiriendo experiencia con el lenguaje del dibujo y con la escritura, lo que buscas es que esas dos herramientas te permitan contar lo que quieres contar.

Yo no pienso que tenga un guion cerrado y después simplemente lo ilustre. La idea es ponerme a hacer una cosa escribiendo y dibujando. El dibujo afecta al guion, el guion afecta al dibujo y entre los dos van formando la historia.

«Hay un tipo de ilustración y un tipo de profesional al que la inteligencia artificial le va a hacer mucho daño»

P. ¿Cómo ves la irrupción de la inteligencia artificial en el sector de la ilustración?

Lo primero, como profesor, es que nos obliga a pensar cómo educamos sobre eso. Hay aspectos que tienen que estar perfectamente definidos, especialmente los relacionados con los derechos de autor. Si hay utilización de obras protegidas, eso tiene que estar regulado.

Y después hay también cuestiones ambientales. Hay que mirar el impacto que tienen determinadas tecnologías. Pero, al final, es una tecnología que va a ser difícil de parar.

Yo pienso que hay un tipo de ilustración y un tipo de profesional de la ilustración al que le va a hacer mucho daño. Eso es algo que me parece bastante evidente. Ahora hay que ver cómo reaccionamos. Es un momento de transición, de buscar cuál es la convivencia posible entre una cosa y otra. Es un momento complicado.

P. Pero también hay una dimensión creativa que te resulta interesante.

Sí. Desde el punto de vista artístico, es interesante observar cómo evoluciona. Al principio, la inteligencia artificial hacía cosas muy evidentes, como manos imposibles o determinados errores, y ahora ya hay una evolución.

Pero desde el punto de vista profesional hay que estar totalmente en contra de cualquier atropello de los derechos. Si se presenta como una herramienta de ayuda, perfecto. Pero si se alimenta de copiar los dibujos de la gente, ahí los gobiernos tienen que defender la propiedad intelectual de los ilustradores.

P. Llegar a Viñetas desde o Atlántico con una exposición propia, y además como exposición inaugural, ¿qué significa para ti?

Para mí es increíble. Tuve una etapa de mi vida en la que era ilustrador y hacía cursos y diferentes trabajos. Siempre fui profesor, pero desde hace unos años soy profesor de enseñanza reglada.

Me encanta la docencia, pero ralentizó mi producción. Sobre todo el cómic, porque es algo que lleva mucho trabajo. Si no tienes horas, no puedes hacerlo. Y si llegas a casa sin energía después de la docencia, no tienes tiempo ni cabeza para ponerte con él.

P. De hecho, este último Marcopola tardó diez años en salir. Y esta exposición llega justo cuando sale el quinto volumen.

Sí. Por eso para mí es como una especie de segunda temporada. Es como volver, es realmente una vuelta, pero no es volver desde cero.

La exposición está centrada en Marcopola, pero también habla de lo anterior. Me da perspectiva a mí y permite que el resto de la gente comprenda en qué consiste mi trabajo, qué ideas y qué líneas estoy manejando desde el principio y cómo han ido evolucionando.

Y además coincide con la salida del quinto Marcopola y con la respuesta de los lectores, que para mí fue increíble. Los chavales están leyendo los libros y, cuando llega uno nuevo, parece que llevaban esperando por él desde el día anterior. Ya conocen a los personajes, saben perfectamente lo que pasa.

Son lectores espectaculares, muy exigentes y muy controladores con lo que les gusta. Que todo eso coincida ahora con la invitación de Viñetas es para mí como un segundo comienzo.

P. ¿Qué papel crees que ha jugado Viñetas desde o Atlántico en la evolución del cómic gallego?

Es difícil de explicar ahora porque ya estamos acostumbrados a que existan salones y festivales, pero al principio era muy diferente.

Antes de los primeros Viñetas no veíamos originales de autores, mucho menos teníamos la posibilidad de ver aquí a autores importantísimos, autores que estabas leyendo en las librerías y que seguías. De repente estaban ahí, podías escuchar sus charlas, ver sus originales y conocer cómo trabajaban.

Por un lado, está esa labor de acercar la profesión a la gente a través de los autores y de las exposiciones. Y por otro está el movimiento inverso: los autores que hacemos cómic en Galicia nos juntamos con los autores que vienen de fuera.

Ahora hay una generación nueva de autoras y autores gallegos muy importante. Cuando pasen unos años y se analicen estos últimos veinte años de evolución del cómic gallego, pienso que Viñetas será un factor fundamental.

P. ¿Y qué estás preparando ahora?

Pues sí, se puede saber: Marcopola 6.

P. Era bastante previsible.

Sí, pero es así. Tengo un poco de cargo de conciencia por haber tenido diez años esperando a la gente. Por eso llegué a un acuerdo con la editorial para obligarme a que el año que viene, por estas fechas, más arriba o más abajo, tengamos el siguiente Marcopola.

La intención no es solo que salga un sexto volumen y que después vuelva a pasar una eternidad. Quiero que la serie vuelva a convertirse en una serie en la que cada año tengamos un Marcopola y que se vaya expandiendo. En este sentido, la exposición de Viñetas también es fundamental, porque le va a dar difusión a la serie y ayuda a mantener ese músculo.

P. ¿Y hay vida más allá de Marcopola?

Sí, claro. Tengo proyectos para cómic adulto, proyectos de libro ilustrado y también algún proyecto infantil. Hay cosas que llevan tiempo avanzando y algunas están prácticamente listas. Seguramente, además de Marcopola, entre este año y el que viene pueda aparecer alguna otra cosa en otro ámbito. La cabeza no para.

La fantasía invade la cuarta jornada del Viñetas, de la mano de las autoras gallegas de cómic

Jacobo F. S., protagonista de la muestra ‘De Archimboldo a Marcopola’, analizó las claves de su carrera profesional en la carpa de Rúa BD

A Coruña, 13 de agosto de 2026.— Las autoras que participan en la exposición Elas son fantásticas, Paula Cheshire, Inés Vázquez, Lucía Cid, María Brenn, Eli García y Bea Gregores, protagonizaron la jornada del jueves en el festival Viñetas desde o Atlántico. Así, ofrecieron una visita guiada a la exposición, que ocupa la segunda planta de la sala municipal Salvador de Madariaga, y participaron en un maratón de dibujo en el stand de las Bibliotecas Municipales. Además, ofrecieron diversas sesiones de firmas en el Viñetas Estudio de rúa BD.

Cada autora analizó en la visita las claves de sus diferentes creaciones, todas ellas dentro del género fantástico y en muchos casos vinculadas al público infantil y juvenil. Aldara, a lenda da cerva branca, Severina e a raíña dos trasnos, Ula e Vinca, Maia e a troita perlada, O grande diario, Avelaíña e o camiño á illa e Miquits son las obras en las que se centra la muestra. También se puede ver en la exposición parte del proceso creativo y el resultado final del cartel que la autora Inés Vázquez realizó para la feria Mostrart, en una colaboración entre Viñetas y la Asociación Galega de Artesáns.

Las autoras insistieron en el papel que la naturaleza juega en todas estas obras, al tiempo que analizaron en algunos casos su proceso creativo y relataron diversos detalles sobre su carrera profesional. Una a una, fueron pasando por el stand de Viñetas Estudio, en Rúa BD, para firmar su obra y dibujaron a lo largo de toda la jornada diferentes escenas dentro del maratón de dibujos.

Jacobo F. S. y el cómic gallego

Por su parte, Jacobo F. S. hizo en su charla en la carpa de Rúa BD un recorrido histórico por su trabajo como ilustrador en la charla «Marcopola e amigos», dentro del programa Viñetas Expo. El dibujante gallego recordó sus comienzos con "OLos amigos de Archimboldo", Roque, donde ya aparece por primera vez la figura de Marcopola. Posteriormente, realizó la obra Aventuras de Cacauequi" con la que ganó el prestigioso Premio Castelao de Cómic, y también hizo una incursión en el cómic biográfico con la obra Lois Pereiro, breve encontro. Un achegamento comiqueiro á biografía e á obra do poeta".Breve encuentro. Un acercamiento a la vida y a la obra del poeta Lois Pereiro, editada inicialmente en gallego y posteriormente ampliada en la versión en castellano.

Antes de dar el salto a su gran éxito editorial, también probó con el fanzine experimental con Estudos de Violencia Segar". Pero, sin duda, si alguna obra define a este ilustrador vigués es Marcopola, la isla remera" y todo el universo que comparte con personajes como Dragoneta o la abuela pintora. En su intervención, Jacobo destacó la conexión de su obra con la pintura y la literatura gallega y el mundo onírico de autores como Álvaro Cunqueiro.

O ilustrador Jacobo F. S. explicando o seu traballo diante da pantalla